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Qué comemos, con quién o quienes comemos, en qué lugar, son decisiones que tensionan a la cultura (con todas sus connotaciones materiales y simbólicas) con las políticas públicas en la vida de las personas, en especial de las mujeres y los niños.
La crisis que hizo su epicentro en el 2001 dio lugar a la proliferación de comedores comunitarios, muchos de ellos en dependencias de sociedades de fomentos, iglesias de distintos credos y distintos emprendimientos sociales. Las mujeres se ubicaron en el nuevo espacio por su trabajo en estos lugares, vemos que la participación de ellas tiene distintas connotaciones según el tipo de institución, el momento histórico concreto en el que se encuentra la misma y su relación con el grupo social de pertenencia y con las posibilidades de gestionar y gerenciar recursos.
Estas acciones se vieron prácticamente interrumpidas por las nuevas políticas implementadas a partir de la Plan “Volver a casa” y de las modificaciones en la política social municipal implementados a partir del cambio del mapa político en las últimas elecciones y la desarticulación del Consejo de Políticas Sociales.
En los momentos de mayor crisis social la subordinación doméstica de la mujer jugó un papel muy importante, se la ubicó alternativamente entre la cocina hogareña y en los comedores populares. Como ocurre siempre, por un lado se produce la negación de saberes aprendidos en el seno familiar/cultural pero también se trata de aprovechar de esos conocimientos concebidos como naturales; aunque siempre hay sospecha sobre los mismos, porque se desconfía hasta de su propio origen en los sectores subalternos de la sociedad.
La desconfianza hacia la aceptación de las pautas culturales no hegemónicas -entre ellas la alimentación y educación de los niños- tuvo su etapa fundacional en la instalación del higienismo durante las últimas décadas del siglo XIX y tuvo como objetivo primordial el control tanto del ámbito público como del privado. El de lo privado ubicó a las mujeres en tanto madres en el centro de las estrategias de lo social, en una sociedad patriarcal que reafirma los roles “maternos” considerados como tales la alimentación y el cuidado de la salud de la familia. Desde los ancianos hasta los niños.

El mandato de alimentar.
En el marco de la políticas públicas para paliar la crisis que hizo su epicentro en el 2000-01 se encuentra el denominado Plan Jefes y Jefas de hogar, el más extendido de todos y el que por otra parte demostró que mayoritariamente era reclamado por mujeres, es llamado con frecuencia “plan jefas”. Dentro del espíritu del plan está el control de la salud y la educación de los hijos de las receptoras de los planes.
El control de la salud de los hijos de las beneficiarias de la asistencia estatal por parte del propio Estado y las connotaciones políticas que tienen las cifras de niños desnutridos en las estadísticas municipales, provinciales y nacionales tensionan en el interior de las familias y presionan a las mujeres, que tienen que dar cuenta del amor materno mostrando hijos bien alimentados, en épocas en que el término “desnutrición” se ha incorporado al lenguaje cotidiano.
Graciela Hernández (CONICET, UNS)-Integrante de Autoconvocatoria-Mujeres Dra en Historia y Especialista en Género. Interesada en la historia de los pueblos originarios y la cultura popular. Trabaja en la ciudad de Bahía Blanca, especialmente en sectores populares urbanos y periurbanos, donde se han producido y se siguen produciendo distintos procesos migratorios (desde Chile, Bolivia, desde la Patagonia Argentina y el NOA) con las consecuentes mezclas e hibridaciones que tensionan a la cultura con las políticas públicas destinadas a paliar la pobreza.

AUDIO 2:Comida y Políticas Púbicas -Graciela Hernández


1 Comentario sobre “GÉNERO, CULTURA Y POLÍTICAS PÚBLICAS-Graciela Hernández”

  1. en 14 Nov 2007 a las 9:31mariana pessah

    Hola, muy interesante la nota y muy oportuna la canción que canta la negra Sosa.
    Cuando vi la imágen del maíz, recordé la anción de Liliana Felipe, cuando el maíz estaba hecho de maíz.

    Creo que por un lado, evidentemente son las políticas públicas, y por el otro, la economía mundial. Los problemas que se etsá teniendo con la alimentación hoy en día envuelven tanto a los presidentes de los países, como a Bush y el Papa. El tema gravísimo del etanol, hit principal de la última gira de Maledicto 16 por AMLAC fue ese. Preguntémonos a cuánto se vende un kilo de papa para comer y a cuánto se elevará cuando este producto de primera necesidad sea destinado para bio combustible.
    Es un tema gravísimo y desesperante ya que cada vez más distanciará a las clases sociales matando de hambre a lxs pobres.

    un saludo desde Brasil
    mariana

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